¡Geisha mía, quiero ser tu geisha!
Ya puedo ser digno de ti, mi geisha, porque he aprendido contigo a ser humilde, a no discutir contigo nunca, a dejarte siempre ganar en tus planteamientos porque me parecen los mejores. Me gusta dejarme ganar, como me gusta que te dejes ganar tú en mis discusiones.
También, mi geisha, me has enseñado que hay que actuar un poco, poner un énfasis histriónico cuando te digo lo inteligente que eres, cuando me sale ese toque de amor de madre que siempre ve en su hijo un superdotado, me gusta; me gusta tanto cuando lo practicas conmigo, ahí te veo muy femenino y me hace gracia, me da gusto verte como haces el esfuerzo de querer halagarme. Por eso quiero también halagarte y que sientas ese lado femenino de la farsa amable.
Ya se que piensas que los hombres tenemos el corazón de un niño. Por eso, mi geisha, nunca escatimas tus elogios cuando hago bien las cosas, y no solo eso, sino que siempre disimulas los posibles fallos. Yo quiero hacer lo mismo, porque no me veo en el papel de retarte, ni de asustarte, ni de desautorizarte. Sólo quiero ser tu geisha para cuidarte como tú me cuidas a mi.
Nadie como tú conoce como necesito los mimos e indulgencia. Me encanta ese lado tuyo cuando te centras en mi bienestar desoyendo tu lado egoista y renunciando al bienestar tuyo. Me gusta ese lado generoso, y yo también quiero ponerlo en práctica, quiero aprender a hacerte feliz porque de esa forma yo seré más feliz.
Contigo mi amor, no necesito maquearme para estar más guapo, pero si me gusta arreglarme para mostrarme más misterioso, para ser más seductor, para que veas en mi otras facetas que te sigan atrapando y atrayendo. Seré tu geisha con la cara tapada por los polvos de arroz cuando haga falta.
Te veo modesto y pudoroso y eso aumenta el misterio y las ganas de descubrir intimidades. Tendré que aprender también a mantener algunos de mis lados ocultos, como haces tú, mi geisha, que prefieres mantener parte de tu cuerpo cubierto dejando a la sutileza de mi imaginación el atrayente deseo de descubrirlo.
Intuyo tu inteligencia, pero no acabo de conocerla porque siempre pones un velo sutil delante de mi razón, lo que me impide conocer lo listo que eres. Adoro esa habilidad y quiero también ofrecértela. Que nuestros encuentros no sean un combate de cerebros, porque tu compañía no la necesito para discutir sobre economía o política, la quiero para fantasear, para jugar, para soñar, para perdernos en las volutas de nuestra imaginación.
Finalmente, si he comprendido bien las reglas de relación de las buenas geishas, me gustaría disfrutar del sexo sin sentimientos de culpa, sin barreras psicológicas o de látex, porque nuestra mutua confianza permite hacerlo como verdaderas geishas, limpios, libres y desinhibidos. Entregando todo para el goze del otro.




soae dijo
Yo a mi amante geisha la defendería de bombas katana en mano... y sí me abandonara en nuestro mundo.. no me haría el harakiri para poder seguir alimentándome de ella... de su recuerdo.
29 Julio 2008 | 12:52 PM