No puedo ser periodista JOAN BARRIL
Hoy podría ser el día de dejar esta profesión. Una cosa es escribir en los periódicos. Otra es ser periodista. Si alguien me llamaba periodista, yo me daba por aludido. Porque el periodismo es algo más que una profesión. Por eso se nos persigue, por eso hay tantos muertos en este oficio de contar las cosas, por eso también hay una pequeña ración de corruptos entre nosotros. Pero ¿realmente se puede dejar de ser periodista fácilmente? Hoy podría dejar de ser periodista mientras Pedro J. se considere a sí mismo periodista. Porque los dos no cabemos. Ni en su España, que me excluye; ni en mi oficio, que no tiene nada que ver con lo que yo considero la verdad, que es al fin y al cabo el resultado de la duda.
La verdad no la sabe nadie. Pero la mentira, sí. Para publicar la mentira hay que ir al lugar donde nace la mentira y contrastar, querido excolega, que no cuesta una mierda. Para hacer periodismo hay que ir a los datos para luego extraer las consecuencias. Pedro J. --por si no lo saben, es este tipo que dirige un diario llamado El Mundo-- hace lo contrario. Primero redacta las consecuencias que ha de divulgar y, a continuación, hace todos los esfuerzos para hallar el dato. Dice encontrarlo. Pues bien: hace días que ese Mundo que intenta representar el mundo nos ofrece un manifiesto en defensa de la lengua común. Nada que objetar. Las lenguas comunes son todas mis lenguas y las de los otros. Me pregunto, ya que se usa la palabra defensa: ¿de dónde proviene el ataque? La lengua común, es decir, el castellano, es atacada por las lenguas periféricas. Eso dice y fomenta Pedro J., un periodista que ya no ejerce de periodista, porque de ser así le bastaría con ir a hablar o a escuchar a los cuarteles generales donde se intenta acabar con el castellano. Es una pequeña vergüenza para el oficio, que, por desgracia, no es la única.
Sin embargo, le entiendo. Y le entiendo porque la necesidad de un director de periódicos es vender. Y la mentira, por lo visto, vende. Pedro J. tiene una causa. Y sería una causa suscribible de no ser por la falsedad intrínseca que encierra. Yo no soy de esos necios que consideran que la tercera hora de castellano es un misil al catalán. Yo no soy nacionalista, ya lo saben. Yo solo quiero entenderme con aquellos que, en la lengua que sea, inventen puentes de diálogo y de sensatez entre sí. El castellano también es mi lengua. Sé que en castellano se ha fusilado a los míos, y no por ello he podido olvidar que en castellano se han proferido las mejores proclamas de la libertad y los más bellos poemas de mi soledad. Y ahora, mira por dónde, Pedro J. nos obsequia con el malestar del mundo del turismo por las dificultades que los visitantes reciben cuando se encuentran con el catalán. Primero fue sorpresa; después, injusticia; ahora Pedro J. llega al ridículo. El turismo, esa actividad que consiste precisamente en conocer paisajes, arquitecturas y lenguas, se queja de que Gerona se llame Girona.
Yo ya no soy periodista, Pedro J. Solo soy un viajero con vocación de nómada. Ser catalán es difícil, es cierto. Pero ser español como tú solo indica que no has viajado mucho. Tu inconsciencia me ha hecho libre. Si tú eres periodista, yo seré un pobre catalán mudo. No podrás cargarte una lengua. Conseguirás ridiculizar incluso a tus firmantes. Pero siempre estaré dispuesto a hablar contigo en nuestra amada lengua común, aunque sea la tuya una lengua viperina y la conversación tenga lugar en Tahití, que es ese lugar privilegiado donde nada saben de manifiestos.
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Pedro J. es un mercenario de la información, a veces se vende a sí mismo porque su egolatría se lo demanda pero, por lo general, procura sacar tajada siempre de su panfleto periodístico.
Eres sorprendente amigo, suscribo pe por pe lo que te leo, entiendo perfectamente tu cabreo, pero me parece que Pedro J no merece ni un análisis, se descalifica solo, es el típico y tópico ejemplo del hipócrita, a saber en que idioma gemía con aquel corsé rojo, la repugnancia que me produce esa alimaña de la desinformación solo se atempera cuando observo como continuamente hace el ridículo, solo los ignorantes temen lo que no conocen, y solo los necios creen que los colores de la cultura restan y no suman, en fin, basta con verle la cara para saber que tiene lo que se merece.
Está claro que Barril nunca escribirá en El Mundo xDD
El problema de coger una bandera y enarbolarla llega cuando en vez de exaltar lo que representa esa bandera la utilizas para meter de palos al resto.
Sus intervenciones en la Cope, su anti-rajoyismo actual, sus titulares tendenciosos... lo dicen todo.
En cuanto al manifiesto... en estos momentos veo que llevan 122.612 personas. Teniendo en cuenta que somos 45 millones de españoles, que a esa web accede un millón de personas a diario y que en España se firma todo lo que nos ponen por delante para suscribir... lo considero un rotundo fracaso. Los españoles no somos tontos. Ese manifiesto sólo quiere destruir.
Un abrazo y gracias por tu visita "manque" me riñas :)