Oye el rumor de la vida al otro lado de la pared y no sabe si quiere salir o quedarse encapsulado. Ha estado gestándose durante mucho tiempo, recolocando los somas y los cromos de su yo genético, de su propia suidad, batiendo enzimas, reponiendo proteínas y haciendo reflexiones sobre la materia de la asignatura que se ha prometido a sí mismo aprobar. Una vida feliz.

Ser feliz en la vida. Libar felicizando los minutos y los días. Larva aburrida de su ocaso, de su aislamiento y encierro. Ya no le queda mucho tiempo al capullo para romper, y rasgado, que emerja como imago naciendo en plenitud, batiendo sus alas en libertad, con la pasión de un gitano palmero cuando anima el taconeo de una reina de la bulería.

Alas cargadas de vida, saturadas de sueños, de pasión creativa. Mariposa en vuelo por esos aires de dios, cavilando en circunloquios, exploradora en busca de perlas de sabiduría, de gotas de sensibilidad, de panorámicas cargadas de belleza y de buen gusto. Navegando en volutas de sensualidad, etéreas y volátiles, preñadas de nobleza y lealtad, sublimadas en el calor de la amistad generosa por la miel del amor inesperado.

Alas simétricas, iguales, género ambidiestro, brazos de una hombre o de un mujer. Camisa de fuerza que abraza al loco violento impidiendo que mate a su pareja. Hebomoia, talismán contra las fobias, amigo de la bondad, alma serena.

Hebomoia ambiguo, mariposa varonil, amiga andrógino.

Nace.